jueves, 22 de agosto de 2013

DIA CUARTO

Versalles se nos ha quedado pequeño para dar la vuelta;tal es nuestro estado de forma tras los dias de entrenamiento previo que hemos tenido por las calles parisinas.
Nos levantamos bastante más relajados que ayer; compramos en el supermercado del camping el pan y los fiambres para el desayuno y nos regalamos con un buen café recién hecho en la ruolotte.
Llegamos a la estación del RER C, en Porte Maillot Neully y hablámos con una trabajadora del tren para que mos asesorase sobre lo que más nos convenía hacer. Acudimos a ella porque a Rafa le dio mala espina la movida que había en otro de los dispensadores de billetes. Sacamos tickets de ida y vuelta a Versailles rive gauche, con trasbordo en Tour Eiffel.
En el andén del tren estuvimos hablando con un matrimonio ya mayor que se dirigía a Nôtre Dame; habían sido timados en la expendedora de tickets y Rafa les estuvo explicando, en inglés, el tren que debían coger y hasta donde.
Nosotros nos bajamos en Tour Eiffel para acelerar por los túneles y coger por los pelos el tren que nos dejaría en Versalles.
En el palacio entramos con casi tres horas de espera al sol en el patio de armas.Un japonés vestido con un traje de seda totalmente negro se estuvo friendo entre nosotros y una familia de italianos. Los cruces de miradas entre Mari y los italianos cada vez que el japonés me requería para que le hiciese una foto con su cámara no tenían desperdicio.
Los niños llegaron con las entradas cuando casi estábamos en la cancela y se colaron disimuladamente, sin saber que el japonés y los italianos ya sabían por nosotros que nos estaban comprando las entradas.
El palacio es muy bonito, pero la visita  se hace pesada.
Los jardines sirvieron para que pasásemos una tarde divertida.Alquilamos  unos cochecitos eléctricos, como los que usan los golfistas y echamos una tarde memorable entre árboles, acelerones y frenazos.
Después almorzamos en un MacDonald's a las cinco, como algunos extranjeros, mos asomamos a la calle para coger carrerilla y salimos pitando para no perder el RER de vuelta.
Llegamos al camping, compramos para cenar y nos duchamos.
Ajustamos cuentas y cenamos antes de acostarnos.
Mañana abandonamos el camping y salimos para el aeropuerto de Bauvais.Iremos en autobús.

DIA QUINTO

A las 7 de la mañana del miércoles ya estábamos preparando desayunos mientras los chicos dormían a la pata la llana. Me acerqué a la cabaña y comprobé que los equipajes estaban hechos tal y como acordamos la noche anterior. Aproveché para acercarme al super y comprar las últimas baguettes y algunos envasados de salchichón tipo bâton de bergère, del que se pega bien al riñón. Mari había calculado a la perfección lo que había que comprar para que no sobrara ni faltase nada.
Fui por segunda vez al alojamiento de los niños para tocar diana y bastó con abrir la puerta sin delicadeza. Un último toque para decirles que llevaran los equipajes a la cabaña para desayunar y dirigirnos a la salida. Pasamos revista de orden y limpieza y les pusimos un notable alto.Rafa echó la llave y fuimos a desayunar.
Desalojamos la cabaña una vez finalizado el desayuno, fregamos y tiramos la basura.
Entregamos las llaves en recepción a las 9:30 y nos devolvieron los 400€ de fianza.
Felicitamos y agradecimos a la dirección del camping por las mejoras apreciadas desde la última vez que nos alojamos y nos dirigimos a la puerta para coger por última vez la navette hacia PM.
La estación de los autobuses que enlazan con el aeropuerto de Beauvois está junto al Palacio de Congresos, en la misma PM.; así que fue bajarnos de un autobús para subir a otro. Un visto y no visto. El autobús se llenó en un momento y tardó más de una hora en llegar a su destino.
Nos dejó al comienzo de la T-1 y echamos el paseíto hasta la T-2 , que es de donde salen los vuelos para S evilla. Allí arranchamos las maletas y nos sentamos a esperar.
Sería la una de la tarde cuando consumimos los bocadilllos que habíamos preparado en el camping y decidimos repartir el dinero del fondo común para que cada uno comiese según su gusto y bolsillo, pues la oferta en el aeropuerto es variada y teníamos bastante tiempo antes del embarque.Poco después repartimos el dinero personal de gastos por si alguien quería comprar algún souvenir en dutty free.
A algunos los cachearon porque el escáner pitaba, pero no hubo ningún problema en el embarque y a las 17:10 en punto estábamos despegando.
Llegamos a San Pablo a las 21:20 tras un viaje tranquilo y espartano. Lo mejor, Los Pirineos.
En el aeropuerto estaban los padres de los niños que esperaban para abrazarlos y dar el último porte hasta nuestra Chipiona.
Gracias a Dios, ya estábamos en casa con una gran experiencia cultural en nuestras mochilas.
El viaje fue exactamente lo que habíamos imaginado y deseado.

jueves, 13 de junio de 2013